Labores Domésticas

Hoy no me esperes despierto.

Llevo demasiados años esperando este momento. Al fin me han nominado a la mejor madre, trabajadora, amante, amiga y ama de su casa y de su vida… en general. Así que voy a tomar mis mejores galas y brillantes, y fingir que es cuanto quiero.

Es para ello que llevo preparándome toda mi vida, desde que mis hermanos jugaban mientras yo ayudaba a mamá. Tráele el postre a tu padre, recoge la mesa, estira bien la cama… sonríe, princesa. Es lo que todos esperamos de ti.

Tuve la suerte de poder estudiar lo que me gusta. Suerte por doble partida:
Pude estudiar.
Lo que me gusta.
Lo tuve algo complicado cuando quise cobrar por ello, demasiada competencia. Bueno, quizá no supiese negociar del todo bien mi salario, me conformé con la voluntad, por temor a no ser seleccionada. Pero con el sueldo de mi pareja vivimos mejor que bien. ¿Para qué generar conflicto sin necesidad?
Ahora están encantados conmigo. He demostrado de sobra mi valía, comprometiéndome con el proyecto y haciendo las horas necesarias para demostrar mi responsabilidad. Ellos no me lo han pedido, pero sé de sobra que es lo que todos esperan de mí. Así que… sonríe, princesa.

La maternidad es el mejor regalo que me ha ofrecido la vida. Su olor, sus risas… Nadie te enseña que es algo agotador a veces. Estar pendiente de lo tuyo, lo mío, lo de ambos. Es lo que todos esperáis de mí. Podríamos gestionar un día libre para poder recordar cómo me relaja ir a la peluquería, correr por el parque, comprarme un libro y sentarme en aquel café, merendar un pastel mientras veo los barcos alejarse hacia nuevos solsticios, quitarme las zapatillas de madre y calzarme sedas de mujer.
Quizá en vacaciones, este año sí. Sonríe, princesa.

Mis amigos han dejado de llamar, dispongo de menos momentos para dedicarles.
Para dedicarme.
Para dedicarnos.
Les echo de menos. Sé que ellos a mí ya no. No me atrevo a retomar esto de contárnoslo todo. Mejor callarlo. Sé que lo esperan de mí, así que, como princesa, sonrío.

Nos queremos, lo sé. Aún siendo el mejor compañero de vida que podría tener, algo no acaba de ser del todo justo. En mis peores mañanas de mierda te sigo recibiendo con una sonrisa a mediodía, mientras escucho tus problemas después de haber gestionado reclamaciones de diversos clientes, que por supuesto, ignoras. Por las noches, cuando me acuesto ya roncas, mientras yo repaso mis anotaciones pendientes para mañana. Tu cuerpo me busca en tus días de descanso, el mío no lo encuentro, debo salir a buscarlo… Si te pido algo soy mandona, si no te lo pido, es que eres una heroína que no quiere ayuda. Es que tú lo quieres todo para ahora, me reprochas. Y si mañana no está hecho, lo tengo que acabar haciendo igualmente, cuando ahora aún me cuesta más que cuando te lo pedí… Supongo que es lo que esperas de mí… Sonríe, princesa.

Hoy no me esperes más despierto.
Voy a cogerme una botella de bourbon, caminar bajo la luna hasta destrozar los putos tacones de ejecutiva, vomitaré hasta la última palabra que me ahogue, cogeré uno de esos barcos solitarios y nos acompañaremos en silencio, mientras leo de nuevo “Platero y yo”. Y cuando regrese, tiraré a la basura mi premio. Y tú estarás esperando conmigo, compañero.
Eso es lo que espero de mí.
Sonrío, guerrera.

Por Vanessa Giao

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